miércoles, 27 de enero de 2016

EL PELIGRO DE LA AMNESIA SÍSMICA

MELILLA, 26-I-2016


Las comunidades que no dieron importancia a la seguridad sísmica quedan afectadas por años, por décadas, a veces para siempre.


La falla de Azores Gibraltar llevaba unas semanas inquieta. Con este nombre conocemos una fractura que, desde las Azores hasta la península de Anatolia, pone en contacto a Eurasia con Africa. Este lunes, a las 5:22 horas hizo temblar Andalucía, Ceuta, Melilla y el norte de Marruecos. Un terremoto de 6,3 después de varias semanas de temblores importantes, sacudió las costas españolas portuguesas y marroquíes. Alhucemas registra un fallecido y decenas de heridos. Melilla presenta problemas en las estructuras de un buen número de edificios. Los daños son importantes. Las réplicas se cuentan por decenas.

La seguridad sísmica se fundamenta sobre tres pilares: las normas deconstrucción sismorresistente, la distribución inteligente del territorio y la educación de los ciudadanos. Sobre las primeras, España es un país pionero, pero nuestra norma NCSE02 de 2002 quedó obsoleta en Lorca, las expectativas de movimiento del terreno (aceleración básica) se cuadruplicaron; el segundo aspecto España lo dominó en América, Filipinas e incluso Torrevieja se trazó de manera ordenada después del terremoto del 21 de marzo de 1829. Tras varios avisos, la tierra tembló entonces con una intensidad tal que acabó con varios pueblos y ciudades de la zona. Se le ha adjudicado una magnitud de 6,6 y ha quedado para siempre en la memoria española. Desde entonces la amnesia sísmica fue instaurándose en España. Los éxitos de Guatemala se olvidaron. Ni siquiera la educación sobre qué hacer en caso de terremoto volvió, como en las escuelas españolas del siglo XIX. Todas las víctimas de Lorca murieron por no saber qué hacer.

La falla de Azores Gibraltar generó el terremoto más destructivo jamás visto por Europa el uno de noviembre de 1755. Un seísmo de 8,5 azotó Marruecos, Portugal y España. Un tsunami con olas de hasta 15 metros remataron las costas. El conocido como terremoto de Lisboa provocó cerca de 100.000 muertos.

LISBOA, 1 DE NOVIEMBRE DE 1755

Este nuevo terremoto de 6,3 generado frente a las costas de Alhucemas es muy parecido al de 2004 (6,5) cerca de la ciudad, entonces hubo 628 muertos y daños cuantiosos. También en 1969 un terremoto de 7,3 azotó Cádiz, Sevilla y hasta Madrid llegaron sus ondas. Hubo un pequeño tsunami. Ayer no, el movimiento ha sido de desgarro, horizontal. Para que se produzca un tsunami, el movimiento debe ser vertical.

El sureste peninsular es la zona de Iberia donde se concentran la mayor parte de nuestros desastres sísmicos. Desde el año 1048 en Orihuela hasta el 2011 con Lorca, una veintena de terremotos han provocado enorme destrucción. Iberia está llena de fallas, nos preceden en el tiempo, ya estaban sacudiéndose antes de que nosotros pintásemos bisontes en Altamira, algunas aún ni las conocemos. La asesina falla de Alhama de Murcia, descubierta y bautizada en 1979, solo necesitó 32 años para matar, provocar que ricos patrimonios se perdiesen, modificar paisajes, causar dramas personales incurables y destruir productivos sectores económicos. Las comunidades que no dieron importancia a la seguridad sísmica quedaron afectadas por años, por décadas, a veces para siempre.

PUBLICADO EN LAS EDICIONES IMPRESAS DE LOS ROTATIVOS DE VOCENTO: EL CORREO, DIARIO VASCO, DIARIO MONTAÑÉS, LAS PROVINCIAS, LA VERDAD, IDEAL, HOY, EL NORTE DE CASTILLA, EL COMERCIO, LA RIOJA, LA VOZ DE AVILÉS, DIARIO DE NAVARRA, ETC... 



 EN LA MECÁNICA DEL CARACOL (eitb) CON EVA CABALLERO
(a partir del minuto 30:45)

ESPAÑA SUFRE "AMNESIA SÍSMICA"


Un bombero retira parte de una fachada dañada ayer en Melilla por el terremoto de magnitud 6,3 que sacudió la ciudad de madrugada. REUTERS

A continuación se reproduce la entrevista dada a Teresa Guerrero del diario EL MUNDO publicada con motivo de los terremotos registrados en el mar de Alborán y que han afectado a Melilla, Ceuta y a toda Andalucía.




En Chile es raro que alguien corra cuando hay un fuerte terremoto. En Japón los trabajadores han seguido en sus puestos durante seísmos de magnitud 8 en la escala de Richter casi sin inquietarse, mientras que los estadounidenses hacen regularmente simulacros de seísmos. Los habitantes de estos países también se asustan cuando tiembla la tierra, como ayer ocurrió en Melilla, Andalucía y el norte de Marruecos al registrarse de madrugada en el Mar de Alborán un terremoto de magnitud 6,3 en la escala de Richter (una treintena de personas resultaron heridas leves en Melilla mientras que un niño de 12 años murió en Alhucemas, Marruecos, debido a un infarto).

En Chile, Japón o EEUU están acostumbrados y saben perfectamente cómo deben actuar para limitar los daños. También saben que la mayor parte de sus edificios e infraestructuras se han diseñado siguiendo estrictas normas antisísmicas para aguantar. No se puede evitar que haya muertos, pero sí se puede reducir el número de víctimas, la mayoría de las cuales se produce por el derrumbe de edificios o la caída de objetos de las fachadas, como recuerda el geólogo Antonio Aretxabala, director técnico del Laboratorio de Arquitectura de la Universidad de Navarra.

«Las nueve personas que murieron durante el terremoto de Lorca de 2011 salieron corriendo a la calle, que es precisamente lo que no se debe hacer», señala Aretxabala, que considera que pese a los indudables avances, en España todavía se puede hacer mucho más para limitar el impacto de seísmos. Enseñar a la gente cómo actuar ante un terremoto es sólo una de las asignaturas pendientes. «No importa que se viva en una zona de bajo riesgo sísmico. La gente viaja y puede sufrir un terremoto en cualquier lugar», advierte.

Aunque el riesgo sísmico en España no es comparable al de Chile, Japón o la costa oeste de EEUU, los estudios geológicos y los registros históricos no ofrecen dudas. El sur de la Península Ibérica es un área vulnerable a sufrir terremotos destructivos. El más grave registrado en Europa ocurrió en 1755, se conoce como el terremoto de Lisboa y originó un tsunami que causó la muerte a unas 100.000 personas (la mayoría en Portugal, pero también en el norte de Marruecos y Andalucía). Se estima que tuvo una magnitud de 8,5 en la escala de Richter. El primer registro de un gran terremoto en nuestro país se remonta a 1048 en Orihuela (Alicante).

La zona de los Pirineos también es vulnerable, aunque en menor medida que el sur: «En los últimos 600 años, ha habido una docena de terremotos de intensidad superior a VIII en la zona pirenaica», dice Aretxabala. Así, en el año 1428, 800 personas murieron tras un terremoto de intensidad IX-X que destruyó Queralbs (Girona).

Según aclara el geólogo, la intensidad hace referencia a los daños producidos, mientras que la escala logarítmica de Richter, que se usa desde los años 30 del siglo pasado, refleja la magnitud e indica la energía que libera el seísmo: «Un terremoto de alta magnitud puede tener baja intensidad si, por ejemplo, se produce lejos de zonas habitadas».









El terremoto del lunes, de magnitud 6,3 en la escala de Richter, se produjo a las 5.22 (hora peninsular) a 162 kilómetros al sureste de Málaga, en el mar de Alborán. «Liberó 35 veces más energía que el de Lorca, en Murcia, (de magnitud 5, 3). Es un seísmo muy diferente. El de Lorca fue mucho más superficial y se produjo muy cerca de la ciudad», recuerda José Ibargüen, ingeniero geógrafo del Instituto Geográfico Nacional durante 35 años, ahora jubilado.

Según explica María José Jurado, investigadora del Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera (ICTJA-CSIC), en Barcelona, en el área en la que se ha producido el terremoto hay fallas que son bien conocidas por los científicos y con actividad reciente: «En esa zona se resuelve la compresión entre dos grandes placas que están en contacto, la africana y la euroasiática», detalla.

«Lo habitual en este sistema es que se libere la energía poco a poco. Sobre todo al sur de la Península hay continuamente pequeños terremotos que no se perciben. Pero a veces ocurren seísmos como éste, que según los primeros datos se produjo a una profundidad (hipocentro) de 10 kilómetros, que desde el punto de vista geológico es poco profundo. Cuanto más superficial es un terremoto, más energía se transmite a la superficie y llega a los edificios», relata.

«Mi opinión es que no hay zonas totalmente libres de riesgo sísmico de baja intensidad. Puede ocurrir un terremoto en una zona que no te esperas porque hay alteraciones en todas partes, pero hay regiones en las que puede tardar en producirse un seísmo miles de años», dice Jurado.


Lorca, un punto de inflexión

¿Está España preparada para hacer frente al impacto de un terremoto destructivo? Desde los años 70, nuestro país cuenta con una estricta normativa antisísmica que regula la construcción de edificios e infraestructuras con el objetivo de proteger a la población de los terremotos (una norma se centra en la edificación, la NCSR-02, y otra en los puentes, la NCSP-07).

En todos los países las normas se van actualizando en función de la experiencia adquirida en seísmos como el de Lorca, que supuso un antes y un después en España: «Nos dimos cuenta de que vivimos en un país con una sismicidad capaz de matar, arruinar el patrimonio y paralizar una comarca desde el punto de vista económico. Fue un shock tan grande que cambió completamente la mentalidad de constructores y centros de investigación. Ahora nos consideramos un país mucho más sísmico que en 2011», asegura Antonio Aretxabala.


Escombros en las aceras de Melilla. EFE


Pese a que entonces «nos pusimos las pilas», el geólogo denuncia que «España sufre amnesia sísmica. Siempre pasa lo mismo, poco después se va olvidando el verdadero riesgo que hay». Aunque considera que la normativa actual sismorresistente, de 2002 (NCSE-02) se cumple, sostiene que ésta ha quedado obsoleta y casi cinco años después, aún no se han incorporado las lecciones aprendidas aquel 11 de mayo.


Infraestructuras en zonas de riesgo sísmico

Otro problema, enumera, es que durante muchos años no se han tenido en cuenta los mapas de riesgo sísmico, de modo que se han levantado edificios siguiendo la normativa sismorresistente en lugares peligrosos, como ocurrió con el hospital de Lorca. La Ley del Suelo, aprobada en 2008, obliga a tener en cuenta esos mapas antes de proyectar una infraestructura. Por ello, el geólogo resalta la necesidad de trabajar conjuntamente con los historiadores para elaborar mapas fiables.

No haber tenido en cuenta el riesgo sísmico real ha dado lugar en España a la proyección de infraestructuras como el pantano de Yesa, en Navarra, que comenzó a construirse a principios de siglo, antes de la aprobación de la ley: «Desde 2001 se han publicado estudios históricos que muestran que ha habido en esa zona terremotos catastróficos. El mapa se cambió, pero la obra ya se había comenzado». Aunque se trata de un caso diferente a Yesa, Aretxabala cita el almacén de gas Castor como otro ejemplo de infraestructura proyectada sin tener en cuenta el peligro sísmico.


Invertir en investigación sísmica

María José Jurado, por su parte, considera necesario que España haga «una apuesta para invertir en investigación y en instrumentación para acotar mejor los riesgos geológicos». Así, han propuesto la creación de una red de observatorios de fallas, cuyo coste total sería inferior a un millón de euros: «Consiste en perforar el subsuelo unos 200 metros e instalar sismómetros y sensores de deformación para estudiar cómo se comporta la falla. La señal nos llega directamente desde la tierra, sin perturbaciones», explica.

La científica participa en los consorcios internacionales para el estudio de terremotos más prestigiosos del mundo, el Programa Internacional para el Descubrimiento del Océano (IODP, por sus siglas en inglés) y el Programa Internacional de Perforación Científica Continental (ICDP), de los que España dejó de formar parte por no pagar desde 2011 la cuota que le correspondía. Este año, explica, tiene esperanzas de que nuestro país vuelva a formar parte de estos organismos cuyos estudios han ayudado a conocer precisamente la zona en la que se produjo el seísmo de ayer.


EN CASO DE TERREMOTO:

Reaccionar de forma adecuada ante un seísmo y evitar el pánico son elementos clave para reducir el número de víctimas y heridos. MANTENGA LA CALMA. La mayor parte de las víctimas se producen porque los edificios no están bien construidos o por el impacto de elementos de las fachadas. En España, la mayoría de los edificios están bien construidos. Procure estar tranquilo. Si está conduciendo, pare en un lugar seguro y quédese dentro del coche con las luces de emergencia encendidas. NO SALGA CORRIENDO. Las víctimas mortales del seísmo de Lorca fallecieron por la caída de escombros, así que no salga corriendo. Hay que resguardarse debajo de una mesa o bajo una puerta para evitar ser golpeados por objetos. Aléjese de muebles, ventanas y lámparas. CUANDO ACABE EL SEÍSMO, SALGA A LA CALLE. Una vez que haya cesado el temblor, hay que salir despacio y de forma ordenada del edificio o de la vivienda en la que se encuentre hacia una zona abierta, porque puede haber réplicas. SIGA LAS INSTRUCCIONES DE LAS AUTORIDADES. Todas las regiones cuentan con un protocolo de actuación que los servicios de protección civil pondrán en marcha en cuanto ocurra el terremoto.




EN LA MECÁNICA DEL CARACOL (eitb) CON EVA CABALLERO
(a partir del minuto 30:45)

LAS CIFRAS DEL AÑO MÁS CALUROSO DE LA HISTORIA

Dos nepalíes caminan entre las ruinas ocasionadas por los terremotos de abril y mayo de 2015. Afp

La propia crisis financiera es la pura manifestación del cambio global que se está produciendo reconocido en la COP21 de París: es el fin de la era de los combustibles fósiles. Si seguimos así, quemando sin reparo para extraer lo inaccesible, el coste será cada vez más inasumible, o hacemos una transición a un modelo limpio por las buenas, o la hacemos por las malas, pero que no nos quede ninguna duda de que lo vamos a hacer.



El año 2015 no pasará a la historia como el que más víctimas mortales contabilizó por catástrofes naturales, tampoco por pérdidas económicas, pero sí por un hecho: la mayor cantidad de costes económicos, así como la mayor catástrofe cuantificable ocurrida son de carácter climático. Durante 2015 se produjeron 300 catástrofes en nuestro planeta, la media de los últimos 15 años es de 269. Los eventos catastróficos con pérdidas superiores a 2000 millones de dólares en todo el año fueron 14, recordemos que 2015 ha superado a 2014 como el año más cálido desde que tenemos registros de las temperaturas en 1880, el presente 2016 va camino de batirlo, sólo El Niño Godzilla de 2015-2016 contribuirá en 0,2 grados al aumento de la media de temperatura global durante este año, según Met Office (GB).

El Annual Global Climate and Catastrophe Report de AON de 2015, la mayor aseguradora sobre riesgos naturales del mundo, nos indica que el acontecimiento más costoso fue el generado por la sequía y los incendios de Indonesia con cerca de 16,1 mil millones de dólares en daños y 19 víctimas mortales.

Ahora bien, hablamos de cifras económicas, sin duda el acontecimiento más trágico fue el terremoto de Nepal con más de 9000 muertes; vino acompañado de decenas de miles de heridos, cientos de miles de desplazados y un daño irreversible al medio cultural, patrimonial, social y económico. Se ha cuantificado en 8 mil millones. Ha sido la primera causa de muertes en el planeta, seguida por olas de calor e inundaciones.

El año 2015 ha recogido 31 desastres de más de 1000 millones de dólares, un 20% más que la media de los últimos años. Es la cuarta vez desde 1980 que se sobrepasa la treintena en un año. Asia vuelve a ser el continente más castigado y con mayores pérdidas, un 50% del total mundial derivado de cuatro de los cinco eventos más costosos.

En efecto, 2015 ocupa desde 1990, que se miden estos indicadores, el cuarto puesto en catástrofes climáticas severas. De hecho las diez mayores catástrofes naturales de 2015, si exceptuamos los terremotos de Nepal, son ciclones, sequías, fuertes y persistentes tormentas o inundaciones que acumulan cerca del 75% de las pérdidas económicas globales. En Europa los acontecimientos que alcanzaron el umbral de los mil millones fueron las inundaciones de diciembre en el Reino Unido y la combinación de las tormentas Mike y Niklas en Europa occidental y central en marzo. El país europeo más afectado fue Rumanía que sufrió pérdidas de dos mil millones de euros debidos a una intensa sequía, un 1,2% de su PIB.

Lo peor del año fueron los cerca de 2000 incendios que arrasaron buena parte de Indonesia, la sequía prolongada y los fuertes vientos fueron los causantes de que este país asiático se suba al pódium de todo tipo de catástrofes naturales desde el punto de vista de las pérdidas económicas en 2015.

Recordemos que del "top ten" histórico, las dos catástrofes más caras de la historia reciente son japonesas: el terremoto y tsunami del 11 de marzo de 2011 cuyas pérdidas económicas están en contaste revisión (debido a la catástrofe de Fukushima) ronda los 300 a 500 mil millones de dólares. Japón ostenta también la medalla de plata: el 17 de enero de 1995 el destructivo terremoto de Kobe se acercó a los (actuales) 200 mil millones de dólares. El tercer puesto es para el huracán Katrina, (EEUU) unos 150 mil millones. China con el terremoto de Sichuan de enero de 2008 estaría detrás con 93 mil millones. El huracán Sandy que afectó a EEUU, varios países del Caribe, Bahamas y hasta Canadá, en quinto lugar con 74 mil millones, poco más que el terremoto de Los Ángeles (EEUU) del 17 de enero de 1994, 71 mil millones. En torno a los 50 mil millones estaría el terremoto del sur de Italia de 1980, las inundaciones de Tailandia de 2011, el huracán Andrew (EEUU) en 1992, y las inundaciones en China de 1998 en décimo lugar. Como vemos el año 2011 sigue siendo el año más catastrófico de nuestra historia. En España es de destacar que ese año el terremoto de Lorca tuvo una valoración en torno a 1,6 mil millones de euros.

Explosión del reactor número 1 de Fukushima el 12 de marzo de 2011. La catástrofe más cara de la historia (de momento).

Lo característico del año 2015 que acabamos de dejar, es que tanto por exceso como por defecto de agua, es decir inundaciones y sequías con los consiguientes incendios, se trata de un año que quedará para siempre en la memoria como aquel en que los eventos catastróficos fueron climáticamente extremos, con una notable incidencia, directa o indirecta, sobre las economías de muchos países.

Se confirma así la tendencia que científicos de todo el mundo venimos advirtiendo sobre el hecho de continuar con nuestras desbocadas prácticas de quema de combustibles fósiles. Nuestra civilización es fósil-dependiente, lo sabemos, aunque el pico de extracción de crudo ya fue en 2005 como nos dijeron desde la Agencia Internacional de la Energía (OCDE). Lo que estamos quemando desde entonces y colapsa en los mercados en 2015, es un mix desesperado de subproductos de mucha menor calidad a los que también llamamos petróleo, carbón o gas, pero más contaminantes y difíciles de extraer. Los quemamos en mucha más cantidad que nunca porque una parte ya demasiado significativa de la energía no se deriva hacia la actividad económica sino a la propia extracción refinado y transporte de la misma: así que queda un “mix light” que parece incapaz de sostener las economías de los países generando muchos más problemas medioambientales: fracking, arenas asfálticas, exploraciones y explotaciones desde plataformas marinas…

A la luz de estas consideraciones, los científicos explicamos bastantes más acontecimientos que la indiscutible aceleración del cambio climático antropogénico y sus caros eventos extremos. También la preocupante contaminación de las escasas reservas de agua potable, las guerras, hambrunas y migraciones desesperadas son consecuencia directa. La propia crisis financiera es la pura manifestación del cambio global que se está produciendo reconocido en la COP21 de París: es el fin de la era de los combustibles fósiles. Si seguimos así, quemando sin reparo para extraer lo inaccesible, el coste será cada vez más inasumible, o hacemos una transición a un modelo limpio por las buenas, o la hacemos por las malas, pero que no nos quede ninguna duda de que lo vamos a hacer.