jueves, 4 de abril de 2013

LA SISMICIDAD HISTÓRICA EN ESPAÑA: DEL ÉXITO DE GUATEMALA A LA AMNESIA SÍSMICA

Un artículo basado en las enseñanzas de Fernando Rodríguez de la Torre (1932): LA GEOGRAFÍA Y LA HISTORIA DE LOS SISMOS 


RIESGO DE ACTIVIDAD SÍSMICA EN LA PENÍNSULA IBÉRICA


1. EL ESTUDIO HISTÓRICO DE LA SISMICIDAD: LA APUESTA JAPONESA, ITALIANA ¿Y ESPAÑOLA?

Japón, el país más tecnológico de la Tierra ha delegado en el estudio de la historia su particular y enérgica lucha contra la sismicidad, es el país del mundo que mejor la conoce, el que más veces se ha enfrentado a ella, el que más veces ha mirado de frente su rostro amenazador. Quizás su contraparte europea sea Italia, ambos países ya no apuestan por más tecnología, casi la tienen toda, sino por recuperar la memoria, al primero, el más avanzado del mundo, el golpe fuerte le vino por el Este, cuando todo el país se había preparado para recibir un impacto desde el Norte. 

A Italia, la amnesia le costó en mayo de 2012 miles de millones de euros, decenas de víctimas, sectores arruinados, patrimonios demolidos, la tortura del olvido dejó paso a paisajes urbanos irrecuperables por años, por décadas, quizás para siempre; Ferrara, Módena, Finale, pagan las consecuencias de haber subestimado los seísmos de sus últimos 500 años.

España fue pionera en Europa, Asia y América de muchas cuestiones relacionadas con la Tierra, su dinámica y su distribución urbana, hoy lo es en muchos campos más, aunque la debilidad política institucional en manos de verdaderos ignorantes y malhechores, no deja aflorar las históricamente brillantes ideas y posibilidades de a quienes ya se conocieron y conocen metafóricamente como los pertenecientes a "la cabeza de Europa".

El investigador de la sismicidad histórica es un geohistoriador, debe tener muy claros los sistemas de búsqueda de las fuentes (heurística) y así, una vez hallados los datos, podrá operar con ellos con una sana crítica interpretativa (hermeneútica). Es la base de la normativa sectorial, de ello van a depender las construcciones de embalses, centrales energéticas, nucleares...

La vieja Europa tiene ricos archivos, con documentación transcendental en la recurrencia de catástrofes de todo tipo desde los siglos XI-XIII. El investigador de esta época deberá trabajar con archivos, al aparecer la imprenta, nos enfrentaremos a una búsqueda entre miles y miles de libros, opúsculos y "relaciones"; son de todo tipo: historias generales y locales, crónicas medievales, historias eclesiásticas, libros de geografía y viajes, de filosofía o historia natural, incluso novelas o crónicas de fiestas. 

Más tarde aparecen los primeros intentos de prensa periódica a fines del siglo XVII y su implantación en el XVIII. Archivos, bibliotecas y hemerotecas. El siglo XIX es el de la consolidación de la prensa periódica con bastantes más títulos que en el siglo XX y XXI; además empiezan importantes series de revistas científicas, sobre todo de geografía y de ciencias naturales, sin olvidar las enciclopédicas de las sociedades de sabios, las de divulgación científica, las geológicas, las mineras; incluso en revistas astronómicas nuestros pocos historiadores que han trabajado la sismicidad han obtenido numerosas informaciones sísmicas.

EL TERREMOTO DE LISBOA: 1 DE NOVIEMBRE DE 1755

El particular modo de enfocar la investigación de la prensa periódica conduce a dos tipos de técnicas:

a) La intensiva. Partiendo de sismos catalogados.

Con el estudio de varios (cuantos más, mejor) periódicos y revistas científicas quizás conseguiremos, con la aportación de datos detallados y contrastados, reevaluar el terremoto catalogado, en algún aspecto, como, por ejemplo:

- El conocimiento del día de ocurrencia; son muchos los sismos catalogados de los siglos XVIII y XIX carecen del día.

- El conocimiento de la hora y minuto de ocurrencia ya que en muchos sismos catalogados sólo se conoce el día de ocurrencia, las horas nos dan idea de las réplicas, de las multiplicidades, de la extensión. Un ejemplo es el terremoto ¿múltiple? de Pamplona de 1903.

- Un mejor conocimiento del área de percepción, con la agregación de localidades que lo percibieron o sufrieron réplicas.

- Un mejor conocimiento de la hipótesis de intensidad, por medio de numerosos detalles sobre efectos sentidos, que nos encaran ante una variación de la misma en más o en menos.

b) La extensiva. Una exploración por un paraje desconocido.

Se trata de hallar los sismos ignorados, los sismos que han ocurrido y que nunca se han catalogado. Para ello tenemos que leer varios (o mejor, muchos) periódicos y revistas científicas de un año, ejemplar por ejemplar, página a página, columna a columna. Técnica, pues, que exige una gran dosis de paciencia, pero el resultado es más interesante de lo que pudiera sospecharse. Por esta técnica exhaustiva se calcula que ¡se han podido descubrir más de mil  nuevos sismos ibéricos en el periódo 1851-1900!

Contra lo que se imaginan los sismólogos, no se descubren tan sólo sismos de escasa importancia; también, aparecen sismos importantes, como, por citar un caso, el inédito del 21-X-1880, de foco atlántico, al que se le ha conjeturado una hipótesis de magnitud de 7,5 en la escala de Richter. También hemos descubierto numerosos terremotos italianos con la lectura de publicaciones periódicas portuguesas, españolas y francesas. Algunos navarros subestimados, como el de Pamplona del 10 de marzo de 1903 asoman a la luz estos días de movimientos y enjambres en España, en especial en la Comunidad Foral de Navarra.



2. EL MEJOR EJEMPLO DE LA DORMIDA DESTREZA ESPAÑOLA: GUATEMALA

Los terremotos de Santa Marta (Guatemala), de 1773, paralizaron el desarrollo de la ciudad de Santiago de los Caballeros, capital del Reino de Guatemala (hoy la Antigua Guatemala); el entonces Presidente y Capitán General, Martín de Mayorga, decidió como conveniente su traslado a otro lugar. Aquella decisión fue algo más que un mero traslado...

Era el primer urbanismo que contaba con una incipiente mirada geotécnica que luego se comprobó muy positiva. En la búsqueda del nuevo emplazamiento se localizaron varios lugares; un paraje en Chimaltenango, un valle en Jalapa y el valle de la Ermita en Guatemala; a fines de agosto de 1773 se determinó que provisionalmente sería el Valle de La Ermita o de Las Vacas el nuevo asiento de la capital.

El 21 de julio de 1775, casi veinte años después del mayor terremoto y tsunami que sacudirían Europa, y que especialmente se ensañó con Portugal y España (Mw 8,8) con más de 100.000 muertos, se emitió en España la Real Cédula aprobatoria del cambio de lugar, la cual llegó a Guatemala el día 1 de diciembre, entonces toda Europa, consternada aún, empezaba a despertar a su mortífera realidad telúrica de una manera más moderna, casi científica. Pero poco a poco la mayor parte de la población ya caía en el recurrente olvido europeo de la sismicidad, habían pasado dos décadas del terremoto de Lisboa.

Algo más les duró a los europeos la tregua sísmica y el olvido se dilató casi tres décadas, pero enseguida, 8 años después de comenzar el nuevo proyecto de la ciudad de Guatemala, en 1783, Calabria se lo volvió a recordar a toda Europa. Poco a poco Europa se sumiría en su particular amnesia sísmica, y ya volverían a ser pocos los brotes que despertaran a semejante realidad la memoria europea: 1802 en Vrancea (Rumanía), Almería en 1804, en Alicante, Torrevieja en 1829, el gran terremoto napolitano de 1857, en 1881 en Chios (Grecia), en 1884 en Colchester (Inglaterra) y ese mismo año en Arenas de Rey, conocido como el terremoto de Andalucía rubrica y pone fin a una época de algo más de un siglo en la que los temblores de tierra formaron parte de la cultura europea, se estudiaban en colegios y universidades y se daban pautas de qué hacer si brotaban. Esa cultura nunca más volvió.

Desde entonces, hace ya casi 130 años, tan sólo las desgracias, como las recientes italianas y españolas, nos recuerdan a los europeos la realidad sísmica de nuestras tierras, no la prevención, la resistencia o las políticas resilientes, como en Centroamérica; hoy ese olvido ha traído las lamentables imágenes italianas y españolas que todo el orbe ha visto alarmado en 2009, 2011 y 2012, son las instantáneas de la incapacidad para sobreponerse, de la amnesia, de la dejadez, de esa falta de cultura (en especial sísmica) que en pleno siglo XXI sigue siendo letal en Europa, el olvido del pasado frustra un futuro brillante, es la ley.

EL PLANO DE LA NUEVA GUATEMALA DE MARCOS IBÁÑEZ (24-IX-1778) INCLUYE ALGUNAS MODIFICACIONES RESPECTO DEL PROYECTO ORIGINAL FRUTO DE LA OBSERVACIÓN DIRECTA "IN SITU" DE LA TOPOGRAFÍA, INCIPIENTE GEOLOGÍA PAISAJÍSTICA Y ASPECTOS PRAGMÁTICOS Y URBANÍSTICOS

La llegada de aquel proyecto a Guatemala en diciembre de 1775 fue toda una celebración, era el primer proyecto para la nueva ciudad y ya el 2 de enero de 1776 estaba en marcha. Esa vez España tuvo la habilidad de encontrar rápidamente un patrón urbano efectivo y sencillo, fueron pocas las variantes de aquella innovadora propuesta que luego se aplicaron a todas las regiones que se fueron conquistando. El aspecto más interesante y novedoso fue el gran espacio abierto y público de la Plaza Mayor, centro de poder y actividad cívico-religiosa. Un calco de las modernas ciudades europeas de la segunda modernidad urbana.

El autor del primer proyecto de traza de la ciudad fue Luis Díez Navarro. Como en la anterior capital (Santiago), los principales edificios civiles y eclesiásticos se ubicaron alrededor de la Plaza Mayor, Carlos III aprobó el informe de su arquitecto Sabatini, y como consecuencia de ello y porque se suponía que había escasez de constructores capaces en Guatemala, se envío a Marcos Ibáñez, quien reestructuró el proyecto original. 

En lo que atañe a aquellos centros urbanos que todavía eran españoles, se transplantó el patrón de agrupamiento característico de Europa aunque, salvo casos muy aislados ya no había murallas; se diseñó de acuerdo a un trazado urbano “moderno”, reticular, de manzanas cuadradas. Es admirable cómo semejante experiencia de ultramar hubo de ser importada en 1829 a Europa, el modelo con pocas reservas o variabilidad llegó a ser aplicado en la mismísima "Madre Patria".

Cuando el terremoto de Torrevieja (Alicante) destruyó varias villas y asentamientos que fueron posteriormente sometidos a similares planes urbanísticos "anti-sísmicos", la experiencia ya vivía en la genética cultural española y por lo tanto europea. A la sazón pudo materializarse tras ser pensada, proyectada, y puesta en escena en Guatemala con un éxito que aún hoy nos sorprende gratamente a los mismos españoles, aunque muchos, incluso tristemente en círculos de estadistas que distribuyen nuestro estoico territorio, lo ignoren.

1917, LA SEXTA AVENIDA ENTRE 17 Y 18 CALLES, AL FONDO LA IGLESIA DEL CALVARIO

Pero a Guatemala le esperaba su peor crisis sísmica cuando ya prácticamente no caminaba por la historia de la mano de España (la burguesía criolla de aquella época decidió declarar su independencia, tanto política como económica, el 15 de septiembre de 1821, aprovechando el caos político que se vivía en España). Entre 1917 y 1918, más de un año de temblores acabaron con buena parte de la capital; mientras tanto Europa se desangraba en una cruel guerra donde se experimentaban las nuevas armas de destrucción, gases, bombardeos desde el aire, venenos, ametralladoras, granadas y los nuevos proyectiles en racimo.

Varios de los eventos sísmicos de esa época que comenzó a finales de 1917 impactaron violentamente en la capital, que comenzó a ser reconstruida sobre los cimientos de la antigua ciudad española; desafortunadamente para guatemaltecos y todos los habitantes de la Tierra muchos edificios históricos, que eran auténticos tesoros, no se reconstruyeron. Las familias que tuvieron los medios, emigraron a lo que entonces era la periferia, la Avenida la Reforma y sus alrededores, allí construyeron sus casas de baja altura y con los criterios resistentes de la época, principalmente urbanísticos, ya que los materiales supuestamente "dúctiles" como el hormigón armado, aún eran un embrión, pero el acierto fue que se puso el énfasis en aspectos como las alturas, el número y forma de las plantas, el lugar, etc. El sur de la ciudad se vio muy afectado por la emigración de aquellas familias, se crearon nuevos barrios periféricos, como el Gallito y la Palmita. 

La reconstrucción de Guatemala se benefició de la inmigración de constructores europeos que huyeron de la Primera Guerra Mundial (1914-18). Pero muchas fueron las edificaciones que no sobrevivieron a aquellos terremotos, la Plaza de Toros, la Escuela Central para varones, la Normal de Pamplona, los Teatros Colon, Abril y Variedades. El Cementerio General quedó casi en su totalidad destruido, muchas Iglesias se perdieron, varios edificios gubernamentales desaparecieron o fueron totalmente reconstruidos. 

La Ciudad de Guatemala estuvo a punto de desaparecer a causa de esa serie de seísmos consecutivos, pero afortunadamente sobrevivió y en la actualidad alberga a más de millón y medio de habitantes que volverán a recordar su pasado de saber cómo sobreponerse, un país resiliente y con experiencia que no olvida ni su historia ni deja de mirar a su entorno físico. Este nuevo terremoto de 2012 ya ha sido infinitamente menos dañino que los de hace décadas.

Hoy la ciudad se subdivide en quince zonas, cada una de las cuales a su vez tiene su propia organización en cuadrícula perfecta. Aunque casi no quedan edificios de estilo colonial español, un ejemplo paradigmático de la típica ciudad colonial española, convertida en centro comercial y representativo de la capital, es la Plaza Mayor.

3. LA AMNESIA SÍSMICA ESPAÑOLA (ARTÍCULO COMPLETO)

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