sábado, 8 de junio de 2013

UN ESPACIO NO ESTRUCTURADO CAPAZ DE GENERAR CUALQUIER FORMA: LA EVIDENCIA




GEORG WILHEM FRIEDRICH HEGEL: Parte de la consideración de que el principio supremo, la realidad absoluta, es la idea. La Idea es el principio, el desarrollo y el fin de todo, es el ser que constituye la esencia de todas las cosas y, a la vez, el sustrato de todo fenómeno.

¿Cuántas veces escuchamos al día a contertulios televisivos, políticos, dirigentes, e incluso a profesores, científicos y filósofos la expresión: "es evidente que..." o "evidentemente tal cosa..."? ¿Hasta qué punto actuando así están violando la mismísima lógica? ¿Qué es la evidencia? ¿Dónde reside y cuál es nuestra relación con ella? ¿Es intelectual o más bien está localizada en la esfera del sentir? En este artículo se dan pistas sobre su origen, naturaleza y función, y el lugar exacto que ocupa en la mente humana.


1. INTRODUCCIÓN: ¿QUÉ ES LO EVIDENTE?

Este artículo es casi una necesidad de expresión que brota sin que uno pueda nada más que observar cómo brota, lo demás es represión hacia lo más profundo de un estado de libertad intelectual. Ha sido Joaquín quien me ha hecho pensar. Efectivamente, lo aquí vertido ha despertado en mí sobre todo por el hecho de haber leído un fantástico artículo: "La delgada línea entre el prejuicio y la idea inspiradora (en ciencia)lleno de imprescindibles reflexiones de mi compañero de batallas científico-tabernarias Joaquín Sevilla Moróder

Parece que no le dejó indiferente mi anterior escrito sobre el cambio climático y la relación "evidente" entre la interna dinámica terrestre y la externa o atmosférica ("inmersos en el gran cambio"). En principio muchos años de observación y una irrefrenable tendencia a librarse de prejuicios nos ha marcado la vida a ambos, somos científicos comprometidos y pobres, no tenemos nada que perder.

Precisamente al final de su artículo dice refiriéndose al mío: "... Un artículo que me ha generado una sensación ambivalente, porque en primera lectura me ha olido a prejuicio hippy, y en segunda creo que lo que realmente dice es casi evidente… con lo que sugiere la forma de decirlo aún estoy digiriendo...". El detalle fundamental que me ha hecho reflexionar y plantearme algunas cosas está precisamente en esa "casi evidencia" que vislumbra en mis palabras y reflexiones. Joaquín es un maestro, me ha obligado a escudriñar en la evidencia.

No sólo me ha gustado mucho ese artículo, lo mejor de todo es que me he divertido leyéndolo. Tengo que añadir una cuestión sobre mi irrefrenable tendencia a escribir desde el sentir, es un trabajo igual de honesto que si no lo hiciera, y aunque la ciencia en sí no se ve afectada, quizás estéticamente se haga más atractiva para el no experto; en realidad actuando así solamente pongo más carne en el asador, me desnudo más, me expongo sin miramientos, y es que me atrae sobremanera lo figurativo, la prosa, la poesía: cuando la palabra o concepto "evidente" aparece en una conversación, discurso, texto..., se está haciendo referencia precisamente a un sentimiento, pues la evidencia es una actividad del sentir de categoría universal, lo que no es: un mecanismo intelectual congelado y establecido.

Tampoco lo evidente puede ser a medias; algo es, o no es, evidente... No podemos hacer nada al respecto, en todo caso sólo describirlo, pero nunca razonar o explicar, en caso de que lo sea, por qué lo es y viceversa. La categoría "ser" no surge de la observación de muchos objetos que "son"; el que yo los reconozca como cosas que "son" se produce por el conocimiento de la categoría "ser", la cual no tiene por qué tener ninguna expresión verbal.

Uno de los párrafos que más me gusta y con el que más me identifico del artículo de Joaquín "La delgada línea entre el prejuicio y la idea inspiradora (en ciencia)" reza: "... El misticismo ha generado múltiples ideas que, asumidas en la actividad científica no son otra cosa que prejuicios. Y a eso “suena” la hipótesis Gaia, a misticismo impregnando la investigación. En realidad si se le quita del nombre esa referencia a la deidad griega y se analiza la propuesta en sí y la evidencia científica al respecto (el modelo DaisyWorld es impresionante) resulta evidente..." he ahí otra vez el concepto evidencia (con apellido) y evidente a secas.

La hipótesis Gaia es de todo menos una teoría científica, y sin embargo el misticismo ha sido, es, y será, un camino de conocimiento, y aunque queda indefectiblemente ligado a una época pasada y a un contexto religioso, su presencia en el siglo XXI es otra "evidencia" y que tarde o temprano iba a hacer su aparición en la ciencia contemporánea, no era ninguna sorpresa.

ESQUEMA DE LA LÓGICA HEGELIANA: Del idealismo kantiano surge una corriente de idealismo absoluto, representada principalmente por Fichte, Schelling y Hegel. La Lógica es la ciencia del ser, la ontología puesto que lo real (ontos) se identifica con lo racional (logos). Para Hegel, todo lo racional es real y todo lo real es racional. La Lógica estudia la primera fase del despliegue de la Idea, es decir, la Idea en sí, la cual se despliega como ser, como esencia, como concepto.



2. LA EVIDENCIA ES UN SENTIR...

La evidencia pertenece a la esfera del sentir y es un sentir universal a priori. Es conocido que las "Categorías" de Aristóteles no son esclarecibles ni derivables. Las vivimos o padecemos sin poder hacer nada, como el aire que respiramos, nos preceden, como otros sentimientos universales (otro día hablamos de ellos), por ello no necesita ser anunciado ni demostrado.

Este nuevo impulso científico consciente deberá impregnar la vida del investigador como lo hace la atmósfera, palabra usada por vez primera en 1677 por Scheele a partir de los experimentos de Torricelli que desde 1644 venía realizando, ellos son "sus descubridores", más tarde Louis Joseph Gay Lussac en 1802, formula la ley de la expansión de los gases, lo cual no quiere decir que los seres humanos antes de Torricelli no respiráramos o que los gases antes de Gay Lussac no cambiaran de volumen según la temperatura...

Ser científico es reconocer también que "el sentir" es un órgano de conocimiento con sus propios mecanismos muy diferentes al "pensar". Que seamos unos analfabetos del acceso a la realidad a través de ese órgano de conocimiento no quiere decir que lo puramente relacionado con el intelecto sea la única manera de hacerlo. Nadie puede demostrar que 1+1=2, simplemente "es evidente" no hay mecanismo intelectual ninguno que lo avale, por lo que afirmar que lo es (que es evidente), es una redundancia ilógica o muletilla enfatizante que científicamente no tiene ningún rigor, simplemente sobra.

Evidencia y lógica están íntimamente relacionadas. Veamos cómo y en qué medida: cuando un pensador se pregunta algo como ¿qué diferencia hay entre un pensamiento y una disparatada secuencia de palabras, que sin embargo es gramaticalmente correcta y también sintácticamente acertada?, está claramente acercándose a una experiencia limítrofe del pensar, o lo que es lo mismo, poniendo fronteras entre un conjunto de mecanismos mentales en los que todo vale y otro permeado por el rigor de la lógica, es decir: la evidencia.

Y la respuesta a la pregunta anterior es: la diferencia radica solamente en la evidencia o en la lógica del pensamiento. El caso es que el pensar intelectual no va más allá de esa constatación. Es incapaz de describir en qué consiste o explicar esa evidencia, es incapaz de exponer sus características. Y es que para poder hacerlo debería hacer uso de la evidencia misma.

Sin embargo tenemos un camino de introspección que al menos es fiable, libre de prejuicios y correcto por tanto, y que puede ayudarnos a inmiscuirnos en ese sentimiento universal que es la evidencia: a la evidencia le sigue el pensar; el pensar por lo tanto viene a partir de (o detrás de) un sentimiento del pensador que dirige la actividad del pensar.

EVIDENCIA = CERTEZA UNIVERSAL



3. EL PENSAR NO ESTÁ SOLO, ÉL MISMO SE HACE COMPAÑÍA

El pensar no es ningún sentimiento que sienta procesos intelectuales, excepto por el hecho de que sí siente el aspecto lógico. La lógica no es ninguna ciencia que proporcione normas, es una ciencia descriptiva y a posteriori: describe cómo actúa el pensar. Si fuera de otro modo, tendríamos que aprender el pensar desde la ciencia, entonces nos encontraríamos el problema de tener que entender esa ciencia o la enseñanza de ella sin tener previamente una lógica.

El quid de la cuestión es el "cómo" pensamos, es decir, el hecho de que haya un "cómo" es ya todo un campo de investigación científica, y es más, todavía es observable por el pensar mismo, pero ya no es explicable, no podemos describir sus mecanismos. Quien por el ejercicio de la atención descubre la esencia intuitiva que aquí se trae a la luz, es decir, el comprender inmediato, como elemento básico y precedente del ser humano cognoscente, no dejará de ver el parentesco que guarda ese elemento con la evidencia. A la misma región pertenece el fenómeno, apenas valorado, de que el pensar, en la medida en que piensa algo nuevo, es siempre improvisado: uno no sabe a priori qué es lo que va a pensar, si no, ya lo habría pensado.

Paul Feyerabend afirmaba que cuando un enunciado es refutado por la evidencia lo que suele suceder es negar que la evidencia refute el enunciado. Así, la comunidad científica se comportaría como una comunidad religiosa más. También que la ciencia no avanza conforme a un método rígido, sino como cualquier ideología (incluidas las religiosas). Rechazaba la teoría de la falsabilidad de Karl Popper: la ciencia emite enunciados que descarta si hay evidencia en contra y mantiene mientras la evidencia los va corroborando aunque esa corroboración no puede demostrar su verdad...

La infalible idea de que el entendimiento no puede ser explicado, derivado y por lo tanto entendido, a partir del no entendimiento, se contradice sin embargo con mucho de lo que hoy se valora como "científico", y que precisamente es contradictorio en ese punto. Hay que reflexionar de una vez y con todas las consecuencias, en que la palabra no puede surgir verbalmente articulada por casualidad sin un sujeto parlante, pero es que tampoco se puede entender sin ese sujeto. En la medida en que las capacidades cognoscitivas (pensar, sentir y voluntad de...) de la consciencia parten de un elemento "capaz de entender" y que es normalmente accesible a la conciencia como vivencia limítrofe, capaz de distinguir y apuntar a esas fronteras, podremos hablar de un pensar científico consciente.

Es sumamente curioso que, cuando la Iglesia Católica recientemente en el siglo XX, pidió perdón por su censura de Galileo, el entonces cardenal Ratzinger (hoy Benedicto XVI) intentó mitigar la culpa de la Iglesia señalando que, en aquel momento, "la evidencia acumulada" apuntaba a que, en efecto, la Tierra no se mueve. Y, para respaldar esta opinión, Ratzinger citaba ni más ni menos que a Paul Feyerabend. Es terriblemente irónico que alguien que se propone combatir la ‘dictadura del relativismo’ busque amparo intelectual en uno de sus mayores exponentes.

Feyerabend sostiene que Galileo ya tenía una teoría preconcebida, y que a partir de ella, buscó datos que la confirmaran y, en el caso de que esa teoría no encajase bien con algunos datos ya establecidos previamente, formuló hipótesis ad hoc para explicar esa aparente inconsistencia. Feyerabend opina que, de hecho, así operan todas las teorías científicas.

PAUL FEYERABEND: EL ANARQUISMO DE LA CIENCIA



4. CONCLUSIÓN: DE POR QUÉ EL AFIRMAR QUE ALGO ES EVIDENTE DEMUESTRA QUE NO LO ES

Pocas actividades humanas se malinterpretan tan fácilmente como el pensar. La voluntad (el querer) o el sentir, por sí mismos, proporcionan un reconfortante calor anímico incluso recordando, es decir, cuando se recuerda lo ya vivido. Sin embargo el recuerdo del pensar (recordar pensamientos) nos deja fríos. Esto no es más que la intensa proyección de una sombra: la de su verdadera realidad, pues recordar no se hace con el mismo pensar científico y dinámico, vivo, que desvela los fenómenos, sino que trae al presente las imágenes mentales de los pensamientos que fueron dinámicos y ya son cadáveres de aquel pensar dinámico que estuvo vivo, pero que ya no lo está. 

Sin embargo, analizando la parte del sentir que conlleva el curioso pensar dinámico, no cabe duda de que en la propia actividad del pensar se penetra cálidamente en los fenómenos del mundo. Esta penetración se realiza en la tarea científica con una fuerza que fluye de la misma actividad del pensar, y que es la fuerza del amor; es el amor al saber, a la verdad, a la propia ciencia... No puede objetarse que quien incluye el amor en la actividad del pensar introduce en ella un sentimiento: el amor. 

De hecho, quien se entregue al pensar en su esencia, encontrará en él tanto el sentimiento como la voluntad en su más profunda realidad; quien se aparte del pensar y se incline solamente hacia el "mero sentir" y o el "mero querer" pierde, con ellos, la verdadera realidad. 

Además quien se proponga vivenciar el pensar intuitivamente (por ejemplo en el espacio donde se encuentra la evidencia), experimentará correcta y justamente el sentir y la voluntad; pero el misticismo del sentimiento o la metafísica no van a estar nunca justificados frente a la penetración de la existencia por el pensar dinámico vivo e intuitivo de la evidencia o la certeza. 

Las concepciones místicas y metafísicas de la actividad anímica juzgarán con excesiva ligereza que son ellas las que se basan en la realidad, y que el pensador científico intuitivo se forma, de manera insensible e irreal, mediante “pensamientos abstractos”, una imagen fría del mundo. Pero si no experimentan la naturaleza de la evidencia o el sentir de la certeza, nunca lo comprenderán.

La dificultad de captar la esencia del pensar por medio de la observación (que es el mismo pensar guiado por la atención) estriba en que esta esencia escapa con demasiada facilidad a la observación anímica cuando ésta intenta dirigir su atención hacia aquélla (el pensar se observa con el pensar).

Así queda únicamente lo abstracto sin vida, los cadáveres de lo que fue un pensar dinámico y vivo. Si sólo vemos este elemento abstracto, nos veremos fácilmente empujados a entrar en el elemento "lleno de vida, alegría y margaritas" del misticismo del sentimiento, o incluso en el de la metafísica.

No cabe ninguna duda: antes de que algo pueda ser explicado ha de existir la facultad de comprender la explicación. Así se ha descrito aquí un espacio no estructurado, no caracterizado por ninguna forma concreta, y que posee la fuerza y la facultad de generar cualquier forma. Además: que la ciencia con amor (incluso a sí misma), con poesía y con alma, es igual de ciencia, pero más calentita... Y no sólo eso, de esta manera calentita (entre otras) se libera del prejuicio de no reconocer la existencia del espacio que la sustenta y precede: "el sentir" y así ser más auténtica y consciente, pues antes que el pensar, mesurar, relacionar... está la capacidad de sentir certeza.

Por tanto, está en la naturaleza de la evidencia el ser "certeza", un sentimiento que denota que algo es (intuitivamente) correcto por encima de nuestra subjetividad, así que es a través de un sentimiento objetivo y por lo tanto compartido con el resto de los seres humanos pensantes y sintientes que alcanzamos esa certeza. Por ello cuando escuchamos a alguien afirmar "evidentemente tal cosa...""es evidente que..." es porque no lo es... Así de claro.


MARÍA ZAMBRANO

1 comentario:

Aiol De Lusignam dijo...

...Y no se porque...Pero me acabas de volver loco. Quizás la sensatez de tu cordura. Has cambiado mi cuento en fantasia. Me encanta leerte. Gracias por dejar que mis ojos/mentales recorran estos paisajes.